28.2.10
La guerra ha comenzado
Vino corriendo calle abajo. Sin aliento. Algo traía en las manos. Desde aquí no podía saber qué era. Al final llegó. Se dobló y se apoyó sobre sus piernas y respiro hondo. Muchas veces. No tenía voz aún. Su cuerpo se sacudía por el esfuerzo. Poco a poco recuperó el color y fue enderezándose. Tenía un periódico en la mano. Nos miró. Intentó hablar pero volvió a toser, una y otra vez. Lo mirábamos sin decir nada. Sólo esperando que pudiera contarnos aquello que quería contarnos. Venía corriendo desde la otra punta de la ciudad. Sudaba y le temblaban las piernas. Le daríamos tiempo, por supuesto, hasta que su cuerpo le dejase hablar de nuevo. Nos miró, asustado, mientras tosía una vez más. E intentó hablar de nuevo. No podía. Nos tendió el periódico, doblado. Cuando lo abrimos lo vimos: la guerra había comenzado. Ninguno dijimos nada.
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